El clima se vuelve más frío, los días se acortan, las hojas cambian de color y caen de los árboles. Pronto llegará el invierno y la nieve cubrirá nuestra comarca. Las personas se resguardarán en sus casas cálidas o usarán abrigos cuando salgan al exterior y comprarán sus comestibles en la tienda. ¿Pero qué hay de los animales?

Los animales hacen muchas cosas diferentes y sorprendentes para pasar el invierno. Algunos de ellos “migran”, viajando a otros lugares donde el clima es más cálido y pueden encontrar comida. Muchas aves migran en el otoño. Debido a que el viaje puede ser peligroso, algunos viajan en grandes bandadas. La migración es parte de un ciclo anual de cambios que atraviesa un ave, controlado por cambios en la cantidad de luz del día y el clima.

Otros animales permanecen activos durante el invierno pero deben adaptarse al clima más frío, realizando cambios en su comportamiento o sus cuerpos, como generando pieles nuevas y más gruesas durante el otoño. La comida se torna difícil de encontrar y algunos animales, como ardillas, ratones y castores, reúnen comida extra en el otoño y la almacenan para comer más tarde. Otros animales adaptan su alimentación al cambio de las estaciones.

Algunos animales hibernan durante parte o todo el invierno. Este es un sueño especial, muy profundo. La temperatura corporal, así como el ritmo cardíaco y la respiración del animal disminuyen. En el otoño, estos animales se preparan para el invierno comiendo comida extra y almacenándola en forma de grasa corporal. Usan esta grasa para obtener energía mientras hibernan. Osos, zorrillos, ardillas y algunos murciélagos hibernan.

La hibernación del oso pardo

El otoño es la estación más importante para la supervivencia del oso pardo, ya que es cuando tiene que acumular grasa para hacer frente al sueño invernal y a la reproducción. Durante esta estación, los osos necesitan una alimentación extra para generar grasa adicional y así sobrevivir al próximo invierno; en el caso de las osas, las reservas de grasas son un factor esencial para la reproducción y la viabilidad de los oseznos.

Para afrontar el sueño invernal, el oso excava un pequeño cubil en un sitio tranquilo y de difícil acceso para el hombre, o se sirve de alguna cueva natural en la montaña, donde camufla la entrada con ramas o permite que la cubran las primeras nevadas. Las hembras pasan el invierno en una cueva donde parirán y criarán a sus oseznos.

En noviembre o diciembre el clima se hace más crudo y el oso se recluye en su osera y se prepara a hibernar, reduciendo su temperatura en cuatro o cinco grados y haciendo descender su cadencia respiratoria y ritmo cardíaco de 45 a unas 10 pulsaciones por minuto. Finalmente, cuando regresa la primavera, el oso detecta un aumento de la temperatura exterior, se despierta y sale de su refugio.

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